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Océano y sistemas de residuosActualizado

Acidificación oceánica y contaminación plástica: un estudio

Botellas de plástico flotan junto a un muelle, ilustrando la contaminación y sus amenazas para los ecosistemas marinos

POR SOPHIE HADLEY | EARTH.ORG | 13 DE ENERO DE 2021 | 4 MIN

Acidificación oceánica vinculada a la contaminación plástica: un estudio

Una investigación ha encontrado una correlación entre los residuos plásticos vertidos al océano y su acidificación, que ocurre cuando cambia la química del agua al absorber CO2. El proceso reduce el pH y minerales esenciales como el carbonato de calcio, componente básico de muchos esqueletos y conchas marinos. La absorción de emisiones de CO2 también aumenta la acidez. Esta ha crecido un 26% desde 1850, diez veces más rápido que en cualquier periodo de los últimos 55 millones de años.

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El estudio describe cómo unas botellas abandonadas en el mar se convirtieron, tras tres semanas, en focos de bacterias y microorganismos perjudiciales. Las bacterias que se acumulan y se extienden sobre el plástico y en el océano se conocen como «plastisfera». Se detectan cada vez más bacterias que dañan los ecosistemas, como Photobacterium rosenbergii, vinculada al blanqueamiento de corales. También se ha encontrado Vibrio parahaemolyticus en plástico marino en el mar del Norte y el Báltico. Según WHOI, esta bacteria puede causar enfermedades gastrointestinales en humanos; detectarla en plástico no demuestra por sí solo una transmisión a personas a través de ese plástico. El estudio observó una diversidad bacteriana dos veces mayor en las botellas de un solo uso que en muestras del agua circundante.

La investigación se realizó frente a la isla japonesa de Shikine, conocida por sus emanaciones submarinas naturales de CO2. Combinando análisis estadístico y secuenciación de ADN, el equipo determinó que el aumento de CO2 aceleraría la distribución bacteriana. De los grupos examinados, 350 resultaron exclusivos del plástico. En las zonas con más CO2 se vieron afectados numerosos grupos taxonómicos, incluidas bacterias esenciales para el ciclo del carbono.

Cada año se producen 300 millones de toneladas de plástico, el 50% para un solo uso. Diariamente se descubren aproximadamente 8 millones de piezas de plástico en el océano; los científicos calculan que podría haber hasta 5,25 billones de piezas de macro y microplásticos en los océanos del mundo.

El profesor de Biología Marina y coautor Jason Hall-Spencer afirma: «Hasta 13 millones de toneladas de plástico terrestre terminan en los océanos cada año y se ha demostrado que afectan a especies marinas de todos los tipos y tamaños. Combinado con el aumento de CO2, la amenaza al océano mundial es clara. Esto refuerza la importancia de cumplir los compromisos de los tratados climáticos para reducir los efectos de la acidificación y el calentamiento. También podemos cambiar hábitos para que la basura terrestre no sea un peligro ambiental para nuestros océanos, ahora y para las próximas generaciones».

La mayor acidez amenaza la vida marina: puede reducir las tasas metabólicas —la energía que gasta una especie— y las respuestas inmunitarias frente a organismos como los parásitos. Además, la disminución del carbonato de calcio y la acidificación asociada a la contaminación plástica dañan organismos con conchas y esqueletos de carbonato, como erizos, almejas, ostras, estrellas de mar y vieiras. Esto afecta a depredadores mayores, como ballenas y tiburones, que tienen dificultades para encontrar alimento, alterando las redes alimentarias. La acidificación también debilita y rompe los esqueletos de los corales. Sus efectos abarcan desde menor calidad del hábitat hasta debilitamiento de procesos ecológicos, como el ciclo de nutrientes. El autor principal, el doctor Ben Harvey, manifestó su preocupación: «Las botellas abandonadas son habituales en los océanos y esperábamos que las colonizaran distintas bacterias. También preveíamos cambios importantes con niveles elevados de CO2, pero sorprendió su magnitud y el efecto diferente en cada especie. Ver disminuir especies beneficiosas mientras prosperan otras perjudiciales es un motivo evidente de preocupación presente y futura».

Organizaciones como la International Alliance To Combat Ocean Acidification trabajan con gobiernos y redes científicas para sensibilizar sobre estos impactos. La International Partnership For Blue Carbon, integrada por gobiernos como Australia, Reino Unido, Belice y Mauricio, además de organizaciones y centros de investigación, comparte conocimiento e impulsa acciones prácticas. Revertir el daño de los microplásticos en ecosistemas y redes alimentarias será difícil, pero reducir el plástico de un solo uso sería un comienzo importante para permitir la recuperación del océano. La vida marina no solo está amenazada por redes fantasma, pesca ilegal y aumento del nivel del mar, sino también por el agua misma. El Acuerdo de París no menciona la acidificación oceánica; hacen falta mayor conciencia y compromiso para que los gobiernos tomen en serio este problema creciente.

Este artículo apareció originalmente en Earth.Org y se reproduce mediante un acuerdo editorial.

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