Ir al contenido

Políticas e industria

Para el comercio minorista, ser sostenible ya no es opcional

Tortuga marina enredada en residuos plásticos, imagen del impacto ambiental relacionado con la moda rápida y la importancia de los criterios ESG.

ARICK WIERSON | THE ROBIN REPORT | 8 DE MARZO DE 2021 | 8 MIN

ESG en la moda: ser sostenible ya no es opcional

Un aspecto que pasó algo desapercibido en el episodio de GameStop —una historia de David contra Goliat, alentada por Elon Musk, en la que miles de pequeños operadores intentaron frustrar las posiciones bajistas de fondos de cobertura— fue el siguiente destino de la inversión impulsada por memes. En una nota de análisis, Bank of America advirtió de que los fondos favoritos de la inversión ESG —ambiental, social y de gobernanza— podían verse afectados por la siguiente fase de esta tendencia.

Inversión verde

La inversión sostenible está creciendo. Según CNBC, los activos ESG ya representaban el 33 % de los activos gestionados en Estados Unidos, lo que podría explicar que algunos operadores los considerasen sobrevalorados y candidatos a una maniobra inversa a la de GameStop. Los inversores institucionales no lo ven tan claro. Andrew Poreda, responsable de análisis ESG de Sage Advisory Services, una firma independiente de Austin, Texas, con más de 16.000 millones de dólares bajo gestión, explica: «Aunque algunos fondos ESG podrían estar sobrevalorados, en Sage defendemos que las empresas sostenibles están, en general, bien situadas para prosperar a largo plazo y que invertir en ellas acabará generando mejores rendimientos».

El consumidor medio compra un 60 % más de prendas al año que en 2000, pero las conserva la mitad de tiempo.

Los inversores han destinado cantidades récord a fondos que buscan contener el cambio climático y promover el bienestar social. Según Morningstar, en 2020 los fondos ESG captaron aproximadamente una cuarta parte de las entradas en fondos estadounidenses de acciones y bonos: más de 50.000 millones de dólares netos, más del doble de los 21.000 millones de 2019.

La retórica ambiental, social y de gobernanza

Cada año, las empresas dedican más páginas de sus informes anuales a ESG y compiten por presentar iniciativas positivas: «A tu programa de plástico oceánico reciclado le sumo uno de microfinanciación comunitaria en el Mozambique rural».

Publicaciones como Barron’s, considerada la «biblia» de los inversores institucionales, han alentado la tendencia con listas como 100 Most Sustainable Companies of 2021, que clasifican empresas cotizadas según sus propios parámetros ESG, a veces imprecisos. Esto no significa que las iniciativas no sirvan: muchas cambian vidas y mejoran algo la salud del planeta. Sigue abierta, sin embargo, la pregunta de si su objetivo principal es entrar en carteras ESG, tranquilizar a los inversores particulares o ganarse a consumidores concienciados.

Doug Woodring, fundador y director de Ocean Recovery Alliance, organización sin ánimo de lucro con sede en Hong Kong y California dedicada a la salud oceánica y la contaminación plástica, afirma: «La inversión y la financiación ESG han llegado para quedarse. Cada vez más fondos de pensiones, gestores, fondos soberanos, bolsas y bancos exigen o incentivan información y actuaciones ESG apropiadas y significativas para considerar creíble a una empresa que busca financiación».

«Además, muchos profesionales de la nueva generación preguntan expresamente por las actividades ESG de sus posibles empleadores. La moda y el comercio deben mirar más allá de los envases y de sus mensajes al consumidor: han de examinar a fondo sus cadenas de suministro para evitar sorpresas negativas. Invertir con indicadores ESG reales y significativos es una de las pocas herramientas verdaderamente útiles para avanzar hacia un planeta sostenible y mejorar el entorno de las comunidades a las que las empresas seguirán prestando servicio», añade.

Cuestiones en debate

La inversión selectiva, que busca resultados más allá de la rentabilidad financiera, no es nueva. La creciente polarización política nacional y geopolítica, junto con las advertencias continuas de científicos y economistas, deja claro que los Estados no resolverán por sí solos los problemas ambientales y humanitarios más urgentes. El activismo de los consumidores se intensifica y las direcciones empresariales responden.

Sir Roland Cohen, conocido como el padre del capital riesgo británico, impulsa la inversión ESG, aunque advierte de que todavía está en sus comienzos. Declaró al Financial Times: «El estado actual de ESG se parece mucho al del capital riesgo cuando empecé hace cuatro décadas». En Impact: Reshaping Capitalism to Drive Real Change, escribe que el capitalismo generó prosperidad y sacó a miles de millones de personas de la pobreza durante más de 200 años, pero ya no cumple su promesa de progreso económico y social generalizado; sus consecuencias negativas se han vuelto demasiado grandes para gestionarlas.

Los reguladores también están impulsando la divulgación obligatoria de información ESG. En 2021, la UE se proponía reforzar su Directiva de Información No Financiera, aplicable a empresas de más de 500 empleados que operan en la Unión. En Estados Unidos, el nombramiento de John Kerry como responsable climático por Joe Biden apuntaba a una mayor atención a estas iniciativas en los años siguientes.

Prêt-à-jeter: listo para tirar

¿Y qué ocurre en la moda y el comercio? Los especialistas ESG señalan la moda rápida, que ha hecho la ropa más asequible y accesible, como una gran preocupación por su coste ambiental. Los datos del Foro Económico Mundial atribuyen al sector el 10 % de las emisiones mundiales de carbono y lo sitúan como segundo mayor consumidor de agua dulce. La producción de ropa se ha duplicado aproximadamente desde 2000: un éxito para oferta y demanda, pero con un coste ambiental enorme.

La moda rápida también acelera la renovación del armario y genera más residuos. El consumidor medio compra un 60 % más de prendas al año que en 2000 y las conserva la mitad de tiempo. Las microcolecciones pueden explicar parte de este cambio. Muchas empresas europeas pasaron de las colecciones de primavera y otoño de 2000 a cinco o más al año. H&M lanza habitualmente más de 15 colecciones en 12 meses y Zara llega a 24 microcolecciones anuales.

Gran parte de esa ropa termina desechada. Los investigadores del Foro Económico Mundial estiman que cada segundo se quema o se deposita en vertedero el equivalente a un camión de basura lleno de ropa. Parte de lo que no llega al vertedero acaba en el océano. El lavado libera unas 500.000 toneladas anuales de microfibras de poliéster al mar, equivalentes a 50.000 millones de botellas de plástico. El poliéster genera entre dos y tres veces más emisiones de carbono que el algodón y las microfibras representan hasta el 31 % de la contaminación plástica marina.

«Históricamente, la moda ha causado mucho daño a la biodiversidad. Todo lo que hagan las empresas para incorporar la economía circular a su modelo tendrá un efecto positivo», señala Poreda. «Vemos empresas que están aceptando este reto y otras que se comprometen a combatir el cambio climático mediante iniciativas ambiciosas de emisiones netas cero».

ESG ya no es opcional para la moda y el comercio

Contexto editorial: El ejemplo de Levi’s se refiere a su evaluación de ciclo de vida de 2015 para los vaqueros Levi’s 501 con lavado a la piedra medio. Incluye producción, cuidado por el consumidor y fin de vida, con datos de 2015 y anteriores. Los 33,4 kg de CO₂e son un resultado histórico para ese sistema de producto concreto, no la huella de los textiles de Ocean Material ni un ahorro que pueda lograrse cambiando a material reciclado.

La moda no es el único sector con dificultades ESG. Pero sus impactos sociales y ambientales, dispersos y descentralizados, habían dificultado su evaluación global. La ONU estima que un pantalón vaquero necesita un kilogramo de algodón, que requiere unos 10.000 litros de agua: aproximadamente el agua que una persona bebe en diez años.

Afortunadamente, buena parte del sector ya reconoce el problema. Levi Strauss ha explicado abiertamente su impacto. Estima que un par de sus emblemáticos 501 genera 33,4 kg de CO₂ equivalente a lo largo de su ciclo de vida, aproximadamente lo mismo que recorrer 69 millas en un automóvil estadounidense medio.

Grandes gestores como BlackRock utilizan sus participaciones para exigir mejor información ESG. A la vez surgen normas comunes: los informes pasan de pulir declaraciones de directivos a presentar hechos verificables bajo la supervisión de responsables de cumplimiento. Cuatro grandes organizaciones internacionales de estándares ESG anunciaron su intención de colaborar en requisitos conjuntos. Las Normas Internacionales de Información Financiera, utilizadas en más de 120 países, también presentaron una propuesta para desarrollar estándares ESG propios, comparables a principios contables comunes.

Una moda orientada al futuro

Los directivos tendrán que adaptar producción y suministro con más creatividad para responder a inversores, consumidores y reguladores. Los comercios multimarca y grandes almacenes también presionarán, vinculando espacio de venta, compromisos de inventario, promoción digital y visibilidad de marca a criterios ESG.

«La moda está cambiando. La presión de inversores, minoristas, consumidores y reguladores obligará a muchos ejecutivos a replantear sus modelos», comenta Alvertos Revach, director de inversiones de Humble Holdings, con sede en Luxemburgo, que invierte únicamente en negocios sostenibles, entre ellos la marca de calzado vegano de lujo Aera. «Quizá hayamos superado el apogeo de la moda rápida barata y estemos entrando en una etapa de prendas duraderas, atemporales y sostenibles. Los consumidores estarán dispuestos a pagar más sabiendo que la calidad resistirá el tiempo y que la producción ha sido ambiental y éticamente adecuada».

Si tiene razón, la ironía será que resulte cada vez más difícil estar pasado de moda, a medida que el sector apueste por prendas de calidad, sostenibles y duraderas a precios superiores.

El mayor impacto de las empresas puede estar en cómo influyen en el consumo. La moda rápida sigue siendo un problema y mercados como China cuentan con consumidores cuya renta disponible crece. Habrá que observar cómo se dirigen las marcas a cada público. Convencer de comprar menos —probablemente productos mejores y más caros— y conservarlos más tiempo puede ser la contribución más importante para reducir el impacto total del sector.

Este artículo se publicó originalmente en The Robin Report y se reproduce con autorización.

Más información:

Hablemos de su proyecto

Describa su aplicación, las especificaciones y los volúmenes previstos.
Trabajamos en proyectos comerciales e industriales en todo el mundo.

Material: Sin seleccionar: describa el material en su mensaje.

Utilizamos sus datos para atender esta consulta. Consulte nuestra Política de privacidad.