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Materiales circularesActualizado

Innovaciones y tendencias ecológicas

Pajitas de plástico de colores que ilustran las contradicciones de algunas innovaciones presentadas como ecológicas.

DIANA PETRUCCI | EARTH.ORG | 9 DE MARZO DE 2021 | 6 MIN

Lavado verde: no siempre tan ecológico como parece

La mayor parte del mundo reconoce que el cambio climático es una amenaza inminente y que debemos proteger el medio ambiente. Los plásticos contribuyen al cambio climático en todas las etapas de su ciclo de vida. Según The New Plastics Economy, publicado por el Foro Económico Mundial en 2016, entre el 4 y el 8 % de la producción mundial de petróleo se destina a fabricar plásticos; el aumento de la demanda podría elevar esa proporción al 20 % en 2050. Muchos fabricantes desarrollan innovaciones con menor huella de carbono para abordar el problema. Pero ¿hasta qué punto son ecológicas?

Si la producción y la incineración siguen su trayectoria —alrededor del 12 % del plástico se ha incinerado a escala mundial—, el Foro Económico Mundial prevé que las emisiones del sector representen el 15 % del presupuesto anual mundial de carbono en 2050, frente al 1 % de 2016. Ese presupuesto se basa en la cantidad máxima estimada de gases de efecto invernadero que puede emitirse antes de superar un aumento de temperatura de 1,5 °C.

Según Plastic Ocean, unos 8 millones de toneladas de plástico contaminan los océanos cada año, con efectos devastadores para la vida marina. La mayoría de los plásticos no se biodegradan, sino que se fragmentan en partículas diminutas, o microplásticos, perjudiciales para las personas y la fauna. La publicación de la ONU de 2018 Single-Use Plastics: A Roadmap for Sustainability señala que solo se había reciclado el 9 % del plástico producido.

Estas cifras han impulsado tecnologías, tendencias e innovaciones destinadas a proteger el planeta. Las empresas compiten por afirmar que sus productos no dañan el medio ambiente. Sin embargo, que algo sea nuevo y se comercialice como verde no significa que lo sea.

Algunos esfuerzos parten de información equivocada; en otros casos se induce deliberadamente a pensar que se está comprando o actuando de forma responsable. El lavado verde o greenwashing hace creer que una empresa protege el medio ambiente más de lo que realmente lo hace. Estas tendencias e innovaciones merecen un examen más detenido.

Los bioplásticos «ecológicos» siguen siendo plásticos

Gobiernos y ciudadanía han cuestionado a las empresas que dependen de envases de plástico de un solo uso. En respuesta, compañías como Coca-Cola, Heinz y P & G presentan los bioplásticos como el futuro de los envases sostenibles. Sin embargo, el artículo considera que estas propuestas se acercan más al lavado verde que a una innovación capaz de salvar el planeta.

El término bioplásticos abarca plásticos con una determinada proporción de materia de origen biológico y/o plásticos biodegradables que los microorganismos pueden descomponer en condiciones específicas. Para descomponerse, los bioplásticos deben recogerse y compostarse en instalaciones de alta temperatura que muchos países en desarrollo no tienen. Ser biobasado no significa automáticamente ser biodegradable; la biodegradación depende del material y del entorno. La compostabilidad en condiciones determinadas tampoco demuestra que un producto vaya a biodegradarse en el mar.

Rebecca Burgess, directora de City to Sea, sostiene: «Son básicamente como el plástico y no se descomponen como la mayoría imagina… Los bioplásticos son una “falsa solución”, porque son de un solo uso y las opciones para compostarlos son limitadas». Las empresas quieren transmitir que los envases bioplásticos proceden de la tierra y regresan a ella con la misma facilidad. Coca-Cola incluso llamó PlantBottle a su nueva botella «ecológica». La tecnología, sin embargo, no resulta tan verde como su publicidad sugiere.

Las falsas promesas de los billetes de plástico

Cuando Australia emitió los primeros billetes de polímero en 1988, la tecnología se presentó como una ventaja ambiental. Sus defensores argumentaban que duraban más que los billetes tradicionales de papel y fibras cortas de algodón. Fue uno de los motivos por los que el Banco de Inglaterra puso en circulación billetes de plástico de 5 libras en 2016 y de 10 libras en 2017.

El resultado no fue el esperado. Inglaterra ya había sustituido casi 50 millones de aquellos nuevos billetes, cerca del 10 % de los producidos, por desgaste y mucho antes de lo previsto. Un análisis de Moneyboat también cuestionó la evaluación inicial del Banco de Inglaterra por no considerar el número real de transacciones de un billete. Un análisis más amplio situaba la huella de carbono del plástico en tres veces la del papel: 8,77 kg de CO₂ para los billetes de plástico de 10 libras frente a 2,92 kg para los de papel.

Además, algunos países tienen dificultades para eliminarlos de manera sostenible. Tunde Lemo, subdirector de operaciones del Banco Central de Nigeria, explicó: «La destrucción de los billetes de polímero ha resultado problemática desde el punto de vista ambiental en Nigeria. Su compactación en briquetas no siempre es fácil porque están hechos de polietileno y emiten sustancias que no son respetuosas con el medio ambiente». Aunque al principio se consideraron una mejora, el tiempo y los datos adicionales llevan al artículo a defender los billetes tradicionales de papel.

Pajitas frente a tapas sin pajita

Las imágenes de focas y tortugas dañadas por pajitas han llevado a empresas, ciudades y países a prohibirlas. Se estima que se utilizan 500 millones al día solo en Estados Unidos. Son perjudiciales para el medio ambiente, pero también hay que examinar qué las sustituye.

Starbucks recibió elogios al anunciar que eliminaría las pajitas de plástico para 2020. Después fue criticada por convertir las tapas Nitro, sin pajita, en la opción estándar para las bebidas frías, que representaban el 50 % de sus ventas de bebidas. Estas tapas son más gruesas y pesan algo más que la combinación anterior de tapa y pajita. Con el volumen diario de ventas, eso supone mucho más plástico. Aunque la empresa argumentaba que las tapas podían reciclarse, a diferencia de los vasos, las pruebas citadas indicaban que la mayoría acababa en vertederos. Prohibir las pajitas es un paso positivo, pero sustituirlas por una mayor cantidad de plástico constituye lavado verde.

El dilema de las bolsas de compra «ecológicas»

También se ha extendido la prohibición de bolsas de plástico de un solo uso. Sus alternativas, sin embargo, pueden aportar menos beneficios de los previstos. Durante décadas se consideró que el papel era la opción ecológica por ser biodegradable. Pero varios estudios muestran que fabricar bolsas de papel tiene un coste ambiental mayor: exige talar y procesar árboles y consume mucha agua, maquinaria, combustible y productos químicos.

Además, las bolsas de plástico de «un solo uso» suelen reutilizarse para desechar excrementos de animales o pañales. Si se compran bolsas de basura específicas, hechas de plástico más grueso, se pierde el beneficio ambiental de la prohibición.

Las bolsas reutilizables de materiales naturales suelen presentarse como la opción más ecológica, pero hay un matiz importante. Un estudio del Gobierno británico concluyó que una bolsa de tela debía utilizarse 131 veces para superar ambientalmente a una de plástico de un solo uso. Producir algodón tiene un impacto considerable: hay que reutilizar estas bolsas una y otra vez para obtener una ventaja.

Necesitamos actuar para proteger el planeta y, al mismo tiempo, comprender mejor las innovaciones y las empresas que presentan sus productos como ecológicos. Lo nuevo e innovador no siempre es más verde.

Imagen principal: Flickr

Este artículo se publicó originalmente en Earth.Org y se reproduce aquí en el marco de un acuerdo editorial.

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